Suplemento Literario Nº 71

Stella Berduc

(1936-2018)

Segundos eternos

A mi nieta Consuelo

Quien roba tu mirada, niña rubia,
cuando perdida quedas en la tarde
y olvidas a tus juegos y sonríes
escuchando el llamado de los ángeles.
Yo se quien vuelve tu mirada ajena
y quien puebla de magia tu semblante
es un instante, nada mas, tan breve
que vas vestida por la luz del aire.
En ese breve sueño que me envuelves
cambiada tu expresión de niña grave
jamás sabrás Consuelo que en segundos eternos
me devolviste el rostro de mi madre.

A un bello inculto

Eros, amigo mío

Él no sabía quien era Frida Kahlo
pero sus dedos eran sabios.
Berlioz iba inundando las paredes
y presentí que la marcha del suplicio
multiplicaría mi orgasmo.

Él confesó que le gustaba todo
y más que todo,
lo innoble, lo obsceno, lo sagrado.
Las casas que tan solo se murmuran
a oscuras,
lo que nadie había escuchado.

Era como una estatua desbordante
en músculos tensados.
Entonces, me juré, que jamás nunca,
le contaría quien era Frida Kahlo.

 

Canto al río Paraná

 

Porque a mí me mintieron geografías
no quiero creer que en el Brasil nacieras,
rodeado de verdores y misterios
entre obscenas orquídeas, musgos y enredaderas.
Me naciste aquí dentro
en el preciso instante en que mis ojos
se preñaron de esta tierra.
Porque te siento mío, por saberme tu dueña
es que entiendo tu historia
la de tus crímenes, la de tu belleza.
Tu hipocresía de cambiantes tonos
del rosa al negro, o al marrón violeta.
A veces me pareces una chica sonrojada y modesta
y otras en tus derrames de crepúsculos
la sangrienta ramera.
En un atardecer de turbación y espuma
toqué tu comunión con las estrellas
y tus garras ignotas eran suelos
curva de engaños, en tu mentira inmensa.
Tus ahogados, hijos de las tormentas
con que perversamente te alimentas
en las vidas de un limo tumultuoso
que no se muestran.
Tus heladas, tu fiera madrugada
y la limpia navaja de las velas
cortando el aire helado del ambiente
para alumbrar las islas, las arterias
cuando viene esa loca desde el norte
montada en su potranca de tormenta
enjoyada en suntuosas lampalaguas
que te cubre las lúbricas caderas,
tapándose los pechos espumosos
con verdes camalotes y dos victorias regias.
Trae esa boca enorme que al abrirse
devora las ranchadas que la esperan.
Cómo piensas que pueda perdonarte
esa crueldad eterna?.
Cómo, si no naciendo de mi carne
pueda yo atesorar lo que no muestras?.
Seductor en las noches encendidas
preñada de luciérnagas
encantador de seres que no dejan de sufrir
en tus islas traicioneras.
Qué cosas les prometes en voz baja
para que no te escuchen las estrellas
cuando viene la loca dando gritos
y arrastra sus viviendas?.
Ellos vuelven. Están hipnotizados
por tu lengua barrosa de tormentas.
Como una amante de pródigas caricias y de engaños
en fábulas morenas
no te puede dejar quien ha probado
tus manos limosas bajo la luna inmensa.
Porque fue el hondo semen de tu barro
igual que Dios el que me hiciera hembra,
moriré en tus crecientes cada invierno
para volver a amarte en primavera.

 

Paraná (1936-2018). En 1.987 la editorial de Entre Ríos editó “Desde Camila”, su primer poemario, a pesar de tener la casi totalidad de su obra inédita. En 1.992 escribió los textos de la obra “De Patria y de Potras” que contó con musicalización de Daniel Rochi. Ambos presentaron la obra dedicada a mujeres destacadas de la República Argentina en diversas ocasiones con gran repercusión en el público. Además de la literatura y el canto, Stella Berduc se ha desempeñado en el ámbito del teatro, realizando varios unipersonales de su autoría y siendo reconocida su participación en “La casa de Bernarda Alba” de Federico García Lorca, entre otras. Ha vuelto a ser editada en 2.011. “A la mínima luz” su nuevo poemario con prólogo de Félix Luna se publicó en Paraná a través del FEICAC, Fondo Económico de Incentivo a las Ciencias y a las Artes, implementado por la Municipalidad de Paraná.

 

(La Nota digital)

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